sábado, 23 de mayo de 2009

De La Cuarta Fase del Dolor

Abrió los ojos sintiéndo como su pupila se encogía con dolor ante la luz. La bilis llenaba su boca, una boca que no habían besado en años, y su lengua era incapaz de saborear nada que no tuviera alcohol...

Se incorporó como pudo.Lo último que recordaba era que la noche anterior había bebido hasta reventar,intentando construir una máscara sonriente que ocultara el odio que sentía por si mismo y la rabia que le causaba ello. Recordaba que las cervezas venían una detrás de otra, sin saber de dónde y él las cogía sin preguntar, tragándolas sin saborearlas, deseando engañar y dormir su mente, deseando al menos poder dormir al menos una noche sin pensar....

Deseaba lavarse la cara, deseaba refrescar su frente ardiendo por un febril estado etílico, pero eso significaba tener que soportar su mirada en el espejo y no se sentía capaz...

Cómo había llegado a ese punto, al punto de que el miedo invadiera su mente,al punto de sentir que no tenía nada, de haber perdido todos y cada uno de sus sueños, de las ganas de luchar, de estar a un paso de tocar fondo... Caminó pesadamente de nuevo hacia su cama, donde más que recostarse, cayó como un saco de arena, intentndo dormir, pero aquellos pensamientos que habia intentado ocultar con el alcohol en represalia llenaron su mente haciendo que su cerebro golpeara su craneo deseando salir....

Agarró su cabeza,aprentando los dientes, encogido sobre sí mismo, sabiendo que pronto todo terminaría, sabiendo que pronto sería libre...

jueves, 21 de mayo de 2009

De Un Pequeño Cuento

Érase que se era...

... una ilusión que se rompía dando paso a una realidad que siempre estuvo ahí...

Un tipo que sonreía melancólicamente, intentado disimular su dolor...

Dos niños rubios y sonrientes que nunca llegaron a nacer...

Una derrota más...

viernes, 17 de abril de 2009

De Una Noche de Reflexión

Anoche sin motivo aparente por fin conseguí llorar. Al principio fue tímidamente, unas lágrimas que se resistían a salir pero que al final lo consiguieron. Anoche sin motivo aparente la soledad que creía dominada consiguió hacerse fuerte, haciéndome sentir sus garras en el corazón… Me sentí solo en la multitud, incapaz de decirle a nadie lo que sentía ni cómo lo sentía, ansiando un abrazo que sabía que no conseguiría Anoche el miedo hizo mella en mi voluntad y caí…

Sin embargo sonreí. Por fin había conseguido llorar como lo deseaba. Mi alma se liberó del dolor y pude volver a pensar. Este texto es el resultado de ese pensamiento.

Los que me conozcan sabrán la pasión que rezo hacia la película “El Club de la Lucha”. Hubo un tiempo en que su filosofía nihilista era la mía y en el que repetía una y otra vez como un tantra algunas frases de la película. Una de ellas era que sólo cuando perdemos todo somos libres para actuar.

No podría estar más de acuerdo.

Hace tiempo conocí a Bukowski y su literatura realista, cruda y cínica. Un completo perdedor cuya vida le había llevado a eso y se sentía orgulloso de ello. Me nutrí con sus palabras, intentando que mis palabras le llegaran a la suela del zapato. Harto de buscar el amor que no llegaba y de ver como siempre era sólo el vértice perdedor de un triángulo amoroso, busqué en el diccionario la palabra misántropo para después de haberla entendido perfectamente aplicarla a mi vida. Me volví un cínico que miraba por encima del hombro a todos por no ser como yo. Un imbécil redomado que se escudaba en ser incomprendido, y que la verdad no tenía nada que perder, porque en realidad no tenía nada.

Sin embargo hice un viaje, un viaje en el que mi único pensamiento era convertirme totalmente en ese cabrón redomado, terminar de enterrar todo lo que fui… Pero las cosas no salen como uno desea, y conocí a una persona que evito mi caída.

Es curioso como dos personas pueden encajar tanto con tan sólo unos momentos hablados. En esa persona vi un dolor oculto a los ojos que no saben verlo, el reflejo de muchos pensamientos negativos que poblaban mi mente y tuve miedo de que una persona como ella, que brillaba con luz propia se convirtiera en lo que me estaba convirtiendo yo.

Dejé de lado a Bukowski y de nuevo comencé a escribir cuentos con los que pretendía enseñarle cosas. Creé un amigo que siempre estaría con ella, el único ser que, pese a que pensara lo contrario, siempre estaría con ella, y luché porque su sonrisa no desapareciera nunca de su rostro.

Todo ello, debo confesarlo, lo hice por puro egoísmo debido a que un sentimiento extraño nació en mi interior. Me gustaba la persona que era cuando estaba con ella, me gustaba el Viejo Cuentacuentos que había creado en aquellos cuentos, un ser lleno de magia capaz de realizar cualquier deseo de la Pequeña Momo…

Si la vierais algún día, tomaos un respiro de vuestra vida, hablad con ella, abrazadla y sed partícipes de su sonrisa, escuchadla y permitid que una ilusión despierte en vuestro interior, porque son ese tipo de personas las que hacen que te des cuenta que la vida puede ser maravillosa.

Puede que todo fuera un sueño, una ilusión producto de mi mente desesperada por evitar mi caída. Puede que pronto se termine todo, porque al fin y al cabo todo el mundo termina por irse, y por esa razón debemos aprender a no echar de menos a nadie…

Pero y si por un casual esta vez no fuera así, y aunque lo fuera, ¿que más da? Acaso echar de menos a alguien es un sentimiento negativo. Acaso no nos hace ser más humanos, acaso esa tristeza no es necesaria para poder alegrarnos de ver de nuevo a esa persona…

Sólo cuando perdemos todo somos libres para actuar.

No podría estar más de acuerdo.

Es cierto que cuando no tenemos nada que perder somos libres para actuar. Pero por qué deberíamos actuar. El hecho de tener algo nos hace tener miedo. Cierto. Pero el miedo es algo inherente a nuestra vida. Y día a día debemos luchar contra ese maldito miedo, porque después de la batalla vencida veremos el resultado…

No podemos dejar que ese miedo nos aleje de nuestros sueños, no debemos bailar con él, sino mirarle a los ojos y hacerle sentir miedo a él, hacerle ver a ese cabrón que no nos vencerá, que puede que gane una batalla o dos, pero que la guerra será nuestra…

Tengo demasiadas cosas que perder, no quiero convertirme de nuevo en aquel cínico que leía a Bukowski, creyéndolo un nuevo dios, sin darse cuenta de la tristeza que había en la vida del escritor. Y por ello tengo miedo…


Hacía mucho que no escribía así. Ya sabéis que no soy yo quien elige a las palabras sino ellas las que me eligen a mí, y me alegro de ser una vez más el vehículo por el cual salen al exterior…


Anoche sin motivo aparente por fin conseguí llorar.

Anoche sin motivo aparente la soledad que creía dominada consiguió hacerse fuerte, haciéndome sentir sus garras en el corazón…

Anoche el miedo hizo mella en mi voluntad y caí…

Anoche conseguí alegrarme de sentirme así, pese a la tristeza que me invadía.

domingo, 8 de marzo de 2009

De Mi Vida Sin Ti

Mi vida sin ti no es mejor ni peor, simplemente diferente.

En mi vida sin ti el despertador suena temprano, anunciando la llegada de un nuevo día, provocando una serie de acciones que desembocan en un desayuno ligero sin apenas hablar con nadie.

En mi vida sin ti, la música llena mis oídos a la vez que camino por unas calles cien veces recorridas y que cada día parecen ser nuevas.

En mi vida sin ti llegó a mi destino y un cigarrillo se posa en mis labios, y lentamente es encendido y consumido, disfrutando de su sabor al principio amargo pero que se va convirtiendo en dulce a medida que va acercándose a su final, arrancando siempre en mis labios una sonrisa burlona.

Es en mi vida sin ti donde las risas se hacen carcajadas, con un buen amigo enfrente, separados por los cadáveres aun recientes de unas cuantas cervezas y cuyo número va aumentando con cada risa, con cada carcajada…

En mi vida sin ti abro los ojos para ver como una chica me besa en los labios, como su lengua busca la mía y como mi cuerpo se sacude sobre el suyo, buscando un orgasmo liberador…

***

Es en mi vida sin ti donde la noche se vuelve enemiga, donde el sueño se niega a brindarme su don y escucho el despertador aliviado de que la tortura haya terminado.

En mi vida sin ti la música llena mis oídos, intentando aislarme de un mundo que hace tiempo empezó a perder todos sus colores volviéndose gris…

En mi vida sin ti mis pies se paran siempre en un mismo sitio, y mis manos sacan un cigarrillo que se deposita en mis labios, intentando que apague el sabor de un beso que nunca te di.

Es en mi vida sin ti, donde el alcohol consigue apaciguar mis pensamientos y donde una máscara sonriente se deposita en mi rostro, haciéndome artista del disimulo…

En mi vida sin ti cierro los ojos para sentir como una chica me besa en los labios, como su lengua busca la mía y como mi cuerpo se sacude sobre el suyo, buscando un orgasmo infinito, sabiendo que al abrir los ojos no serás tu la que me besa…

Porque así es mi vida sin ti, mi vida desde que te fuiste; no es mejor ni peor… Simplemente diferente

miércoles, 18 de febrero de 2009

De Un Amor Adolescente: Claudia

Fue en el año 1994, cuando contaba con catorce años, cuando sin ninguna expectativa fui con un amigo a un cine cutre que existía en el pueblo de al lado a ver Entrevista con el Vampiro. No había ningún plan, debido a que toda la pandilla se había ido a la Feria de Sevilla, y esa fue la razón por la cual acabé en aquel cine, esperando ver a algunas niñas babeando por Brad Pitt, Tom Cruise y Antonio Banderas. Poco sabía que acabaría encontrándome con ella...

La película me sorprendió: un tratamiento del mito vampírico distinto, una ambientación dieciochesca que me conquistó, una gran actuación, a mi modesto parecer, de Tom Cruise encarnando a Lestar, el sanguinario vampiro e incluso de Brad Pitt como el torturado Louis... Pero ninguno de ellos se grabó tanto en mi retina como la pequeña Claudia.

Nunca olvidaré sus cabellos ensortijados y dorados, su tez pálida cual muñeca, su hambre insaciable y la frase que pronunció tras asesinar a su primera victima: Quiero más... Con voz suave, inocente y dulce, como la niña que era...


Ella fue la última pieza para completar la familia vampírica, siendo Lestat y Louis sus padres (aunque a los defensores de la familia tradicional les revuelva el estómago). La dulce Claudia, que fue para Lestat el discípulo que nunca pudo ser Louis: despiadada, insaciable, una auténtica máquina de matar sin remordimientos...

Sin embargo el tiempo pasó, y aunque su cuerpo no cambió si lo hizo su mente: una mujer adulta encerrada en el cuerpo de una niña eterna, una muñeca que no entendía por qué ella no cambiaba, y el odio nació en su interior, un odio que le hizo conspirar contra su creador, contra su padre... Su relación con Louis cambió, ya no era una relación paterno filial, sino más bien una relación incestuosa (recordemos que ambos eran hermanos en la sangre) e incluso podría decir que pedófila... Pero yo también estaba enamorado de claudia, de su rostro, de su forma de actuar, y como Louis también hubiera atentado contra Lestat...

Sin embargo cada acto tiene una consecuencia, y aquel acto de traición fue recompensado con la muerte de la dulce Claudia a manos de los vampiros de Armand... Nunca olvidaré sus gritos de dolor al sentir los rayos del sol lamiendo sus brazos, al arder hasta morir en brazos de Madeleine, quien veía en ella una niña eterna y que apenas puedo saborear el don de la inmortalidad...

La venganza de Louis no tardó en llegar, todos los culpables murieron a sus manos. Ninguno sobrevivió. Pero nada de eso pudo devolverme su dulce rostro, sus tiernos ojos, su voz melodiosa y aterciopelada...

domingo, 8 de febrero de 2009

De Una Desilusión

Parece que hayan pasado mil años desde la última vez que me senté en esta vieja silla a escribir algo.La verdad es que no se puede decir que esté en la fasé más creativa del mundo. Sin embargo eso no significa que deje de pensar.

Siempre he dicho que la vida se encuentra llena de dualidades necesarias: cada acción tiene una consecuencia (aunque para muchas personas la verdad esa regla no se aplique). Como elementos de una dualidad, se compaginan uno con el otro, no pudiendo definirse uno por separado. No podemos conocer la felicidad sin conocer que es la tristeza, no podemos conocer el dolor sin haber experimentado el placer...

Como aparente ser humano que soy, tiendo a hacerme ilusiones. Al principio pequeñas ellas, llegan tímidamente pidiendo cobijo en mi mundo. De bellos ojos brillantes, consiguen ablandar mi corazón curtido por los años, por el dolor de anteriores experiencias, y aunque al principio la verdad dude, necesito esa ilusión y le dejo un hueco.

Que maravilloso es hacerse una ilusión: me admiro de su belleza, tengo ganas de estar siempre con ella, de hablar con ella, de abrazarla y escucharla. Siento que todo es posible gracias a ella, y me pregunto cómo pude vivir sin ella antes, yo, un tipo fuerte que se enorgullecía de no ser humano al carecer de sentimiento alguno...

Sin embargo, al caer la oscuridad de la noche, al contarle mi último cuento a esa ilusió cuasi perfecta, al ver como duerme plácidamente, al acariciar su dulce rostro, y besar su mejilla, al quedarme sólo en mi habitación oscura, fría, es cuando la realidad toma forma y el Sr. Miedo, tranquilamente sentado en un sofá, fumando tranquilamente su pipa, sonriendo, porque sabe perfectamente que apenas tiene que decir unas palabras para conseguirsu objetivo... Y de esa forma me duermo, olvidando todo, deseando despertar para poder ver a esa pequeña ilusión abrir sus ojos y sonreír al mirarme. El Sr. Miedo se ha ido, pero aún queda su pipa, testigo mudo de su presencia.

Todo es maravilloso hasta que una noche, el Sr. Miedo decide hablar, y me dice algo que sabía perfectamente: pronto esa ilusión se marchará y conoceras de nuevo la desilusión...

En ese momento, todo cambia, la sonrisa de mi boca se va de vacaciones, y ya no me apetece despertarme temprano para ver a mi ilusión, debido a que puede que se haya marchado. La tristeza se vuelve mi compañera de fatigas, y el Sr. Miedo sonríe al ver cumplido su objetivo, objetivo que en realidad no era tal, ya que sabía perfectamente que eso ocurriría, pero quería negarlo.

Los días pasan oscuros, sin sol, lluviosos y por fin el aciago día tiene lugar: esa ilusión que tanto quise, que tanto me llenó se marcha, sin apenas despedirse, no sin antes arrancarme un trozo de corazón, dejando una herida emponzoñada difícil de cicatrizar, y que cuando lo haga dejara una fea marca.

Siento como la desilusión se cruza con ella en la puerta, y ni siquiera veo como sale de mi vida, todo lo que significó y ya ni siquiera quiero verla... Porque como decía el poeta: que corto es el amor y que largo el olvido.

domingo, 1 de febrero de 2009

De Un Mensaje En Una Botella

La pequeña Momo caminaba descalza por la playa sintiendo la fina arena meterse entre sus dedos haciéndole cosquillas. Le encantaban los días como esos. Después de semanas enteras siendo la lluvia la protagonista, el sol había conseguido escapar, reglando a todo el mundo un maravilloso día. Era imposible levantarse de mal humor en un día como ese, y lo había notado ella misma cuando observó a todo el mundo sonreír. Por eso decidió aprovechar ese día y salir a pasear, a disfrutar del breve período de calor que se le brindaba.

Caminaba despacio, cerrando los ojos, sintiendo el calor en su rostro, abriendo los brazos como si fuera a volar, escuchando el murmullo de las olas y el ruido de la arena al ser pisada... No sabía cuanto tiempo llevaba caminando, ya que en un día como ese, el tiempo debería estar prohibido por lo que dejó su reloj en casa, así que para ella ese día era infinito...

Se paro a mirar la inmensidad del mar, ese gigante azul lleno de misterios y tan atrayente como peligroso a veces. Cuando iba a empezar a caminar, observó como medio enterrado en la playa había un extraño objeto brillante que habían desenterrado las traviesas olas. Debido a su naturaleza curiosa, no pudo evitar acercarse y averiguar de lo que se trataba... Aceleró el paso, ilusionada por saber de que se trataba, hasta llegar al extraño objeto que tanto le había llamado la atención: se trataba de una botella oscura y semitransparente, un pequeño regalo que el mar le había hecho.<

Con la sonrisa de una niña pequeña, miró al mar y le gritó:

-¡Gracias!- y empezó a desenterrar el pequeño tesoro que había encontrado. Cual no sería su sorpresa al ver que en su interior había algo extraño, como una especie de pequeño pergamino enrollado, como en los cuentos de piratas.

Aun con más ilusiones y nervios, intentó abrir el tapón de la botella.

Tiró una vez.

Tiró una segunda vez.

Tiró por tercera vez con todas sus fuerzas y esta vez oyó un cómico ¡Pop! que le hizo reír. ¡La botella por fin estaba abierta! La sacudió enérgicamente hasta que por fin salió el pequeño pergamino. ¿Sería el mapa del tesoro del Pirata Barba Negra? ¿Sería una llamada de socorro de Robinson Crusoe que necesitaba un amigo que le escuchara? Con los ojos brillantes lo desenrolló lentamente, y lo primero que consiguió leer fue:

Querida Momo

No podía creer lo que sus ojos veían. Y lo leyó de nuevo:

Querida Momo.

Pues sí, había leído bien, pero como era posible que aquel mensaje en una botella fuera dirigido a ella, cuánta gente había pasado por aquella playa en aquel día y había visto aquella botella. Era imposible, aunque al ver la firma de quien escribía el mensaje se dio cuenta de que todo era posible. Era un mensaje del viejo Cuentacuentos. Comenzó a leer.

Supongo que estarás sorprendida al encontrar este mensaje de tan singular forma, pero ya sabes como es mi imaginación y siempre que pueda imaginarlo haré que exista. Estarás sentada en una playa solitaria, con un maravilloso sol sonriéndote, y unas traviesas olas mojando tus pies.

Momo miró a su lado y donde había algunas personas paseando, ahora reinaba el silencio. Sonrió de nuevo al ver los poderes del Cuentacuentos.

Lagun me habló de unos extraños Hombres Grises de grandes puros que te atosigan, intentando robar todo tu tiempo y a veces siento que debido a eso, ya no necesitas las tontas historias de este viejo Cuentacuentos. Eso provoca que el Sr. Miedo, que ha conseguido el bono de un buen gimnasio, vuelva cuando creíamos que había desaparecido, y más fuerte que nunca... Ya sabes que el Sr. Miedo en realidad no es malo, simplemente es un poco trasto y a veces no entendemos sus juegos, siendo en el fondo buena gente.

Sin embargo, los juegos del Sr. Miedo han provocado que la Tristeza me visitará, pidiendo cobijo en mi corazón. Sé que no debería haberlo hecho, pero ya me conoces y no pude negárselo. Con la Tristeza siempre viene la Soledad ansiosa de compañía, pero ya sabes que al igual que la Tristeza es egoísta, la Soledad es una amiga celosa, y no le gusta que esté con nadie más que con ella... Eso ha provocado que las palabras se hayan enfadado conmigo, y ya no quieran contarme cosas, siendo cada vez más difícil escribir alguna historia...

Sé que todo pasará, que al final todo saldrá bien y que tanto la Tristeza como la Soledad vendrán sólo de visita, y que el Sr. Miedo se cansará pronto del gimnasio y podremos vencerle en sus juegos... Sin embargo ahora he debido olvidar mi sonrisa en algún bolsillo de algún viejo pantalón, y con mi despiste no la encuentro... Espero no haberla perdido...

La pequeña Momo devoraba las palabras del Viejo Cuentacuentos. Aunque no fuera capaz de decirlo, no podía negar que se había ganado un pequeño rincón en su corazón, y no quería que estuviera triste, pero era verdad que los Hombres Grises continuamente intentaban robarle su tiempo. Sin embargo sabía perfectamente que podría refugiarse en los mundos fantásticos que su amigo creaba para ella, leyéndolos una y otra vez.


A unos metros de la pequeña Momo, una figura oscura la observaba. Embutido en un grueso abrigo, parecía que el sol no lo iluminaba a él. En sus labios había una sonrisa triste, tras una barba rala y oscura. En sus ojos se podían observar la ilusión de aquél que ha preparado una sorpresa para alguien a quien quiere: se trataba del Viejo Cuentacuentos, el que había mandado ese mensaje en la botella a través de su imaginación, para arrancar una nueva ilusión a Momo, su querida Momo... Y es que en realidad, ese mensaje se trataba de una despedida, pero no tenía valor para decírselo. A partir de ahora la observaría como ahora en silencio y cuidaría de ella en sueños, y si le tenía que dar dos collejas al Sr. Miedo se las daría. Sabía lo que ella significaba para él, y aunque no quisiera reconocerlo, sentía que era especial para ella... Sin embargo los Hombres Grises no dejaban de acechar, y aún con tristeza se debía marchar.

El Viejo Cuentacuentos sintió un escalofrío recorrer su espalda, encendió un cigarrillo, le dio una profunda calada y metiendo sus manos en los bolsillos, comenzó a caminar encogido sobre sí mismo, mirando el mundo aquella playa que había creado para Momo, y en la que encontró un último mensaje, en una botella regalada por el mar.