En estos tiempos en los que la palabra crisis es una de las primeras que los niños aprenden y que se ha convertido en una constante en mis oídos (crisis económica, crisis de los treinta), me levanto tarde en este domingo, al no tener nada que hacer, en una casa que sin ser mía es como si lo fuera, en una soledad que por primera vez desde hace mucho tiempo no se vuelve pegajosa y tras ver algunas fotos del pasado, un pasado no má feliz ni más triste sólo diferente, por fin la inspiración, ella que me ha estado huyendo estos días supongo que para irse de vacaciones ,ha vuelto...
Me resulta curioso como una conversación puede cambiar el aspecto de una persona, como tras una buena ración de ellas, la ilusión de esa chica que te tenía enamorado se disuelve o esa chica en la que apenas te habías fijado se vuelve preciosa... Amante de las palabras como soy, me nutro de esas conversaciones como Moisés en el desierto se nutría del preciado maná. Una noche en un festival hablando de cómo cambiar el mundo, de cuentos de hadas que nunca existieron, un cigarro de la risa en la mano, una cerveza en la otra, sentados en el suelo... Para que necesito más compañía que la de esa persona. Sin música estridente, sin ningún contacto presexual ni tensión de ningún modo...
Echo de menos esas tardes sentado en un poyete, con un paquete de patatas y una Coca Cola de dos litros, contando chistes mil veces manidos, soñando con qué seré de mayor (aunque la verdad aún no lo sé) y la grata compañía de aquél que me quiera escuchar (y lo siento por los defensores de la igualdad en el lenguaje, porque no diré aquél o aquella, porque desgraciadamente el castellano es un idioma machista, al igual que el alemán es un idioma feminista y nadie se queja).
Curioso, acabo de darme cuenta que hoy es mi no cumpleños, que el reloj sigue adelante y que dentro de apenas dos meses el dos se terminará para dejar pas a diez años de tres... A veces siento haber perdido el tiempo y en cierto modo así es: no he viajado por toda Europa, no he plantado un árbol, no he tenido un hijo... Pero por otro lado me planteo otras cosas y veo el vaso no medio lleno, sino lleno del todo: he escrito un libro, he arrancado mil sonrisas, he conseguido que cierta persona me eche de menos y como siempre he conseguido que durante unos minutos hayas dejado lo que estabas haciendo y te hayas olvidado del resto del mundo en su incesante estrés y estés leyendo esto, por lo que espero haber arrancado otra sonrisa.
Siento el desorden, la divagación de este texto, pero como siempre echadle la culpa a ellas, yo sólo soy un mero vehículo para su salida.

